Maratón de la Muralla China (2008) Expreso de Medianoche

Así podría llamarse el texto –por la película homónima de Alan Parkner-, si fuera a escribir uno, sobre mi viaje a China. Uds. fueron los únicos a los que les conté, porque no quiero que se entere Barbara que nunca hubiera entendido que sea capaz de ir a China y no a verla a ella y a nuestro futuro hijo. Pero uno antes que marido, amante o padre, es corredor.
Sucede que la visa china mía tenía un error formal que yo no noté ni tampoco el empleado de la aerolínea que me embarcó. Pero como consecuencia, no me dejaron entrar en Pekín, teniéndome 16 horas por reloj en una sala, solo, sin encontrar en todo el tiempo un policía que tuviera un dedo de frente o hablara inglés. Digo "o" y no "y" pues me daba por hecho con que cumpliera una de las dos condiciones aisladamente. 16 horas sin comer salvo al final de tanto que insistí, con dos vasos de agua caliente (sabe Dios por qué lo chinos ofrecen agua caliente cuando se les pide agua). Para ir al baño tuve que agarrarme el miembro, gesto universal para decir quiero mear, porque las palabras restroom, toilette, banheiro, baño no funcionaron.
Transcurridas las 16 horas me vinieron a buscar y me embarcaron de vuelta a Los Ángeles, o sea, me deportaron. Tozudo como soy, hasta pensé en volver a Los Ángeles, dormir en un hotel, ir al consulado al día siguiente, corregir la visa y volver. Pero la aerolínea no me quiere reconocer el pasaje perdido, además de que no hay seguridad ninguna de que el consulado chino en Los Ángeles me daría una visa correcta, en el día, no siendo yo residente ni en la ciudad ni en el país y teniendo el antecedente de haber sido rebotado por intentar ingresar sin visa, pues es obvio que esto ya figura en las computadores de ese puto país. Además, es creerse superhombre pensar que uno puede correr 6 horas luego de pasar tres de las cuatro noches previas en una avión o en un asiento, mal comido, mal hidratado, mal dormido y habiendo cruzado tres veces el océano más grande del mundo.
Y eso no es todo, pese a que me aseguraron que mandaban las valijas ellos, pues no me permitieron ir a buscarlas, no lo hicieron, están perdidas. Cuando llegue a Buenos Aires voy a haber pasado 68 horas por reloj, sin exagerar ni una sola, sin bañarme, sin afeitarme, sin dormir en una cama, sin salir de aviones o aeropuertos. Tom Hanks en La Terminal es un poroto al lado mío -al menos él la tenía a Catherine Zeta Jones-. Casi tres días en cuatro aeropuertos de tres países. Si esto no es récord mundial, es palo señor Juez.
Como dije, solo Uds. saben que iba a ir a China, ergo, nadie conocerá tampoco esta historia por motivos obvios, no tendría como explicárselo a Barbara. Así que además de deportado, inmigrante clandestino, ahora soy cronista de pocos, escritor de manifiestos ocultos para raras minorías.
Siento una enorme frustración. Había conseguido levantar el bajón físico de los meses en que entrene más o menos por el cambio de trabajo, entrenaba a las 4.30 de la mañana porque aquí en EE. UU. la oficina comienza a operar a las 7.30. Quería correr en la Gran Muralla, quería hacerlo con Marcelo. Me siento para la mierda, creo que es el segundo peor momento que me toco pasar en la vida. El primero fue cuando la puta dictadura uruguaya me metió un día y medio en cana, por una situación igual de tonta que esta. Aquello fue aún peor.
Voy a pasar el resto de mi vida, todos los años que me quedan, mirando la etiqueta de la ropa que compre para asegurarme que no diga "Made in China". Evitando pisar un restaurante chino aunque esté famélico.
Y mis mayores y sinceros deseos en este momento son los siguientes:
1. Que vos la disfrutes, Marcelo, como la hubiéramos disfrutado juntos. Que no la disfrutes ni un poco menos porque yo no esté.
2. Que Tibet sea libre un día.
3. Que Taiwan reconquiste el continente un día.
4. Que al imperio chino le pase un día lo que le pasó al imperio soviético .
5. Y que los chinos, todos juntitos, se vayan a la puta madre que los recontra mil veces parió.

Porque cuando corren mis amigos, yo corro en ellos.